30 de julio de 2008

Naranja

 

cielonaranja




Discover Rogê!


 

-¡Qué lástima, Musafir!

 

La voz quebrada se dejaba caer en los oídos de Musafir.

-¿Qué ocurre?, respondió al fin Musafir después de vacilar varios segundos. -¿Quién eres? ¡No te veo!

-Estáte tranquilo. Mira al cielo nocturno, -prosiguió la voz; ¿qué ves?

-Veo algunas estrellas.

-Vaya, parece evidente. Es de noche.- Responde la voz, con tono irónico. ¿Es que tus ojos están cerrados; solo eso puedes decirme?

 

Musafir, algo incomodado, prosigue con su descripción:

Bueno, hoy no hay luna, y las nubes veraniegas de humedad, por suerte, esta noche no nos aprisionan. Hay mucha luz.

-Cierto es, amigo Musafir; pero quiero que te fijes más. Observa el cielo anaranjado por la luz de la ciudad y dime: ¿no ves nada especial?

 

Musafir, entre sorprendido y dubitativo, otea de nuevo el firmamento, como queriendo atravesar la incómoda luz que lo llena absolutamente todo.

-Bueno, apenas se ven estrellas, es cierto. ¡Qué derroche de energía eléctrica, la verdad! Pero por suerte, Yanub, la estrella del Sur, sigue brillando.

 

-Umm, ¿es esa la pobre descripción del cielo nocturno que puedes hacerme?

Siglos transmitiéndoos conocimientos, ¿y esto es lo máximo que me puedes decir, Musafir?

-¡Por todas las estrellas y planetas! Qué fácil resulta engañaros a los humanos, -exclama encolerizada la voz misteriosa.

 

A estas alturas de la extraña conversación, los viandantes que asisten al diálogo, (que más bien parece un monólogo a dos voces), se apresuran a alejarse de Musafir. Acaso creerán que está loco, ahí sentado, de noche, hablando de estrellas y cielos, aparentemente en soledad.

Pero en la cabeza de Musafir, la conversación con la enigmática voz continúa:

 

- ¿Así que crees que esa estrella que consigue abrirse paso entre la luz cegadora de las ciudades humanas es Yanub, tu estrella del sur?

-Pues... yo creo que sí, -responde confuso Musafir. Sale por el este, como cada noche, y se oculta al despuntar la aurora, por el oeste... No hay otra estrella que haga ese recorrido. Llevo innumerables caminos y sendas recorridos; nunca me ha fallado su posición en el cielo. Cierto es que ahora que he parado en esta gran ciudad, me cuesta más localizarla en el cielo, pero siempre está ahí, señalándome el camino...

-La luz en verdad os ciega; ¡hombres, hombres! ¡Qué pobres sois! ¡Maldita sea! ¡Tanta riqueza material, os está volviendo pobres de espíritu...!

-Tecnología, ciencia, matemáticas, astronomía... y al final, deambulais ciegos en las noches cada vez más naranjas de vuestros contaminados cielos.

-Habéis matado los cielos negros; quién distingue ya entre estrellas, (ciertas o fantásticas), y planetas...

-Musafir, ¿cómo puedes distinguir un planeta de una estrella, bajo este cielo contaminado de luz?

-¡Ignorantes!

La voz se parecía cada vez más a la de un viejo cascarrabias, y Musafir estaba atónito por la regañina que le estaba cayendo encima.

Pero la voz no ceja, y sigue al ataque:

 

-Tienes suerte de que de vez en cuando venga a visitarte, Musafir. Qué harías sin mi ayuda. Aunque, viendo lo que está haciendo tu civilización de humanos, lo que debería es apagar completamente vuestras noches; como en los tiempos de las cavernas. Ahí sí que aprendisteis a observar lo que os rodea. No como ahora...

Después de un minuto, algo tenso, eso sí, por fin la voz se vuelve más conciliadora:

 

-Te voy a enseñar de nuevo la profundidad de tus cielos, tal como eran antes, Musafir.

 

Y la voz empezó a narrarle cómo los hombres primitivos descubrieron el movimiento de los astros, de la Tierra, del sol; y todos los ciclos que marcan el  acontecer de los cielos, cuando estos eran negros.

Cada vez más tenue, casi un susurro, hasta que Musafir se relaja, y cae finalmente dormido; sobre un banco de piedra; en mitad del bullicio nocturno de la ciudad que nunca duerme...

El cielo empieza a girar sobre su cabeza, cada vez más rápido; los edificios a su alrededor, se desvanecen, como a cámara rápida; como si alguien, intencionadamente, hubiera decidido retroceder aceleradamente en el tiempo. Las figuras de las personas que observan a Musafir dormido se alargan, y se vuelven grises. Estiradas, desaparecen engullidas por el entorno que parece un papel arrugado. Musafir pierde las coordenadas de espacio y tiempo. Retrocede, retrocede... días, años, siglos.... parecen milenios hacia atrás en el tiempo.

Al final, todo se detiene. Ni rastro de civilización. Silencio. Oscuridad absoluta. Sólo ha quedado el banco de piedra. Y sentado sobre él, Musafir.

 

-¿Qué tal el viaje?

La voz, cercana, asusta a Musafir.

Junto a él, en el mismo banco, un anciano. Vestido con túnica blanca. Pelo canoso y larga barba, rematado todo él por una especie de gorro puntiagudo. Su voz, es la misma voz.

-¡Hola Musafir!. Sí, soy yo, no te asustes.

-Pero, no entiendo... ¿Qué hago aquí?, -pregunta Musafir a su acompañante, a cuya voz por fin le ha puesto rostro.

-Cada cosa a su tiempo, Musafir. Ahora lo principal no es eso. Mira al cielo. ¿Qué ves?

 

Musafir ya se ha calmado un poco, y por fin se incorpora sobre el banco. Abre bien los ojos, y alza la vista.

 

El espectáculo era fantástico. Cielo negro infinito; estrellas que son un océano; y nebulosas, y galaxias que Musafir creía tan solo accesibles a telescopios y otros aparatos de alta resolución, se desvestían, y aparecían claras, nítidas en medio de aquella negrura primordial.

-¿Ves ahora lo que te quiero decir?

El misterioso personaje con pinta de mago Merlín señala al cielo, mientras toma de la mano al sobrecogido Musafir.

-Ese es el gesto de sorpresa, Musafir. Cientos de miles de años de evolución... pero seguis siendo humanos, al fin y al cabo. Por eso me gustais en el fondo. Ese sentimiento que emanan tus ojos, es el que movió a tus antepasados. A hacerse preguntas; a observar; a "ver" en definitiva...

-Ahora díme, Musafir, ¿es acaso aquella tu estrella del sur, Yanub?

 

Musafir ya no puede borrar de su rostro la maravilla que se levanta sobre él. Y apenas puede responder, de lo embobado que está.

-Pues... no sé. Estoy algo confuso. -Responde Musafir. De repente, me siento como si me hubieran limpiado los cristales de unas gruesas gafas. Todo es más nítido. No recuerdo cielos así; y Yanub tiene un extraño brillo. Me confunde su manera de brillar... No sé si lo que estoy viendo es real o ficción...

-Ya vas entendiendo, Musafir. Quiero que se te grabe en la memoria lo que estás viendo.

Lo que tus ancestros tardaron milenios en comprender, ha sido olvidado en apenas un siglo de luz eléctrica. ¿Lo ves?

¿Acaso recuerdan ya los tuyos la diferencia entre la luz que emite un planeta o una estrella?

-¿Son capaces los niños de tu barrio de contarme las historias de los mitos, como lo hacían en la antigüedad, escribiéndolas en las constelaciones del cielo...?

-La Osa Mayor, la Osa Menor... te dirá apenas un chaval;  ¡si hoy en día apenas se ve el cielo...!

-Sois de nuevo analfabetos, a pesar de toda vuestra ciencia.

 

-¿Cuál es la diferencia entre un planeta y una estrella entonces?- reclama excitado Musafir a su acompañante.

 

Al fin, el viejo, con ese aire de maestro de escuela clásica, se levanta del banco, alza su vara, y recogiéndose la túnica, responde:

-Una estrella es un astro con luz propia y por lo tanto su luz parpadea; un planeta, por el contrario, no tiene luz propia y refleja únicamente la luz del sol; es por eso que su luz parece fija.

 

Musafir mira de nuevo al cielo, y reflexiona.

-Entonces, ese punto que aparece en el sur, este verano, ¿no es Yanub, mi estrella?

-¿Acaso parpadea su luz, Musafir?

-No, -responde algo decepcionado Musafir.

 

-Parece mentira que sólo un astrónomo pueda decirte que ese punto iluminado que has confundido con una estrella, no es más que un planeta.

-Pero, ¿cómo brilla con tanta fuerza?

-Dime, ¿de qué planeta estamos hablando? ¿Acaso Marte? en el colegio nos enseñaron que su brillo era rojizo y este, es blanco.

-Pequeño Musafir, tienes mucho que aprender aún; pero esta noche, al menos, resolveré tus dudas:

Ese punto enorme blanco que acompaña tus noches durante este mes de julio, no es otro que el planeta Júpiter. Brilla tanto que incluso en los cielos saturados de luz es capaz de llamar la atención. Los griegos y los romanos ya lo sabían. Y éstos, a su vez, lo aprendieron de pueblos aún mucho más antiguos. No es raro entonces, que Júpiter sea identificado con el Padre de los Cielos: "Júpiter, Dyeus Pater, Zeus..."

Todos los pueblos antiguos conocían de su existencia, y todos le dieron un lugar preferente en sus mitologías para explicar el origen de las cosas...

Obsérvalo, hacia el sur, cada noche; lo más alejado de la civilización que puedas. Y piensa cada vez que lo hagas en lo que esta noche te he contado.

Aunque no te lo creas, su gran masa, y su cercanía, están influyendo en ti. Y no es cosa de astrólogos; es pura ciencia, Musafir. Al igual que la luna crea las mareas, este verano, déjate influir por la atracción gravitacional de Júpiter.

Ojalá que los cielos vuelvan alguna vez a ser negros; y que así las historias de los antiguos no se olviden... devoradas, -qué ironía, por esa "luz" que siempre ha sido sinónimo de progreso humano...

 

La voz va apagándose de nuevo. Musafir parece entrar en un suave sueño. El cielo vuelve a dar vueltas, y los edificios, la gente, la luz de las farolas vuelve rápidamente a inundar su noche.

Repentinamente despierto, Musafir está sentado en el banco de piedra; solo.

Cielo naranja.

No hay nubes de humedad.

Cree Musafir que se ha quedado dormido sobre el banco de piedra; a la vista de toda la gente... y que todo no ha sido más que otro de sus sueños...

Alza sus ojos al firmamento, hacia el sur.

Deben de ser las doce de la noche.

Y a pesar de los edificios, y toda la luz, allí está: Júpiter brilla.

 

¿Dónde estará entonces Yanub...?

-¿Quién era el viejo que le ha contado toda esta historia?

Quizás tanta luz naranja, ciertamente le deslumbra...

 

 

 

11 de julio de 2008

Azul

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Discover Bebel Gilberto!



Todavía hay noches en que Musafir piensa con palabras escritas en azul.

Tan azules, que sus ojos casi se confunden reflejados en cielo de tarde luminosa.

Azul; blue, blau, urdina, bleu, Blau, azraq...

Palabras mixtas para un mismo color.

Y azul, de mar, no lo imaginó Musafir hasta varios años después de su alumbramiento.

Que azul de Sierra, y Roca brillante ya le dejó imprenta clara nada más nacer; al dar los primeros pasos.

Pero azul de mar, no fue azul; fue "blau":

Blau de la mar; serena i mediterrània.

Blau de lluna reflexada; i nits de foscor allunyada. Com un mirall d'argent tou.

Va descobrir Musafir a voramar, els seus peus banyats per la sal i la sorra; blaves, clares.

Dice que sus antepasados fueron marineros; cazadores de ballenas. Siempre miraron con ojos azules al mar; pero este no era azul:

Era "urdina": Urdina itsaso handia bezala; ur urdina iturrietan; zure begi urdinak bezala eta...

Que descubrió un paraíso meridional donde los niños pintaban las puertas de azul;

Allí donde Musafir le vio por fin los colores a la libertad, las puertas brillaban bajo el sol, ciertamente, pero no eran azules: eran "Al-Abuab Az-zarqâ..."

Pasaron los años; volvió a mojarse Musafir. Creyó que el agua densa reflejaba el azul del cielo. Sus pies se congelaron. Pero el agua ya no era azul. Der Fluss ist nie mehr blau...

Always, all ways, blue

La vie, la voie, en bleu.

Azul

Bitácora de un navegante

Aquí está esta bitácora de un pequeño "navegante" más bien virtual que real; aunque ganas no me faltan ;-)) Musafir y yo tenemos un pequeño pacto: él vive las historias, y yo se las escribo, añadiéndole un poco de magia, si se le puede llamar así. Por lo demás, Musafir es de Castilla, aunque desde los 5 años aprendió catalán.