27 de febrero de 2010

Sol de medianoche

 

sol_medianoche

 

 

No entiendo;

Por qué brilla el sol…

Es noche cerrada; la piel se torna azulada bajo la mirada discreta de los astros.

Gotas de sudor frío; plata líquida por las mejillas. No llora nadie; y calor, no hace.

Por qué quema , entonces, el cielo nocturno…

Veo signos, glifos, runas… escritura ancestral, indescifrable en la penumbra.

Corteza de árbol tallada; rocas ásperas; tapiz de musgo blando…

Frescor de vereda oculta entre los árboles; acaso ruta secreta…

Camino azul; agua violeta. ¿Es este un mundo irreal?

No hay nadie, pero se oye una voz susurrante. Me espía.

Es dulce, pero apenas parece mordisquear mis oídos con la sal de sus notas claras.

Cadenas, que brillan con el color metálico de la luna llena.

Casi me parece que toco el musgo, no verde; es pardo; corto y firme.

Yo no sé si un niño; y sin embargo la sonrisa pícara se intuye entre los arbustos grises.

Yo no sé si juega; pero tengo la sensación de que siempre gana.

Como viento entre las ramas; desnuda la voluntad de los caminantes. Frío; calor…

Veloz, ágil, imprevisible… los pájaros no merodean despiertos en la noche; quién aguarda, pues…

Acaso otro sueño de Musafir…

No tomaría nuestro viajero vino de ambrosía antes de dormirse…

 

 

Musafir está recostado sobre una roca llena de suave musgo, junto al riachuelo.

Se despierta sobresaltado…

No hay nadie.

La sonrisa sí que se ve reflejada en las aguas del arroyo.

Pero no quiere mirar al frente. Temor; quizás vergüenza…

Tiene las manos azules; temblorosas.

Le corren gotas de plata por el rostro…

Dónde acaba el sueño…

Cuándo acaba el sueño…

La mente a veces nos engaña;

Otras, nos hace creer que nos engaña…

 

Luego dirán que el sol no luce en la medianoche…

Eso debe pensar Musafir en esta noche invernal, extraña…

Bitácora de un navegante

Aquí está esta bitácora de un pequeño "navegante" más bien virtual que real; aunque ganas no me faltan ;-)) Musafir y yo tenemos un pequeño pacto: él vive las historias, y yo se las escribo, añadiéndole un poco de magia, si se le puede llamar así. Por lo demás, Musafir es de Castilla, aunque desde los 5 años aprendió catalán.